miércoles, 29 de septiembre de 2010

LOS HÁBITOS FAMILIARES COMO TRANSMISORES DE VALORES

Justicia, igualdad, tolerancia... Son términos que cada día se escuchan más en las escuelas. La "Educación en Valores" ya está presente en el curriculum escolar, pero eso no es suficiente. Quedarnos en el nivel teórico no sirve de nada. Y, en la práctica, a menudo olvidamos que palabras tan grandilocuentes como "Empatía" o "Respeto" se traducen en premisas tan sencillas como "no tirar papeles al suelo", "ceder el asiento a quién más lo necesite" o "abrir la puerta a quién va cargado".

Que la "Educación en Valores" haya alcanzado las escuelas es un paso que realmente debemos celebrar: Saber ser persona es más importante que saber resolver integrales o en qué año empezó la Revolución Francesa. Sin embargo, mientras que la instrucción y formación intelectual es un objetivo a conseguir primordialmente a través de la escuela, la educación y desarrollo personal lo es a través de la familia.

Nunca debemos olvidar que el hogar es el auténtico formador de personas. Los niños aprenden continuamente de sus padres, no sólo de lo que éstos les cuentan sino, sobre todo, de lo que ven en ellos, cómo actúan, cómo responden ante los problemas. En definitiva, los niños observan y copian el proceder de sus padres ante la vida. La auténtica educación en valores, más que enseñarse, se transmite, pasa de los padres a sus hijos desde el mismo día del nacimiento hasta el final de la vida. No obstante, tiene una importancia relevante durante los primeros años. Hasta los seis o siete años de edad los niños poseen una moral denominada "heterónoma", es decir, que su motivación para hacer las cosas de una manera u otra es responder como papá y mamá desearían: lo que dicen los padres son "verdades absolutas". Conforme se hacen mayores van comprendiendo mejor por qué es importante actuar de cierta forma y no de otras, pero siguen guiándose por lo que ven en casa, especialmente hasta los doce años. De ahí la tremenda importancia de educar a los niños a través del ejemplo para desarrollar una educación cívica.
Haz lo que yo hago

Todos tenemos en la mente una idea de cómo nos gustaría que fuese la sociedad, en qué mundo queremos que vivan nuestros hijos: un sitio limpio, en el que las personas se ayuden y respeten, donde todos tengamos los mismos derechos... Después salimos a la calle pensando en el trabajo, la compra, la ortodoncia del niño y se nos olvidan todos esos buenos propósitos. De pronto queremos ser los primeros en salir del metro, nos molesta ese coche despistado que enlentece la circulación, se nos olvida dar los buenos días al portero... y así, día tras día ante la mirada siempre atenta de los niños que, ya se sabe, lo absorben todo como esponjas.
Ya hemos comentado que hasta los doce años aproximadamente el hogar es la principal fuente de valores, derechos y deberes del niño. Ahora también hay que decir que hay cosas que difícilmente se aprenden más tarde. Si de pequeños no nos hemos acostumbrado a guardarnos el envoltorio en el bolsillo cuando no hay una papelera a mano, a no poner la música muy alta para no molestar al vecino, a dar las gracias cuando nos hacen un favor o a no insultar a los que son diferentes, será más complicado aprenderlo luego. Porque el civismo, el respeto, la honestidad y todos los valores humanos son en gran medida hábitos, rutinas que aprendemos en la familia de forma inconsciente y que más adelante llegamos a valorar con la reflexión que permite la madurez.
Por ello, la mejor forma de transmitir valores, de aprender a vivir en sociedad, es no aplicar jamás la tan popular frase de "haz lo que yo digo y no lo que yo hago". Si queremos que nuestros hijos alcancen esa sociedad tan soñada debemos empezar por crearla nosotros mismos y "hacer lo que decimos".
¿Qué "hábitos-valores" fomentar?

Seguro que vosotros mismos tenéis la respuesta. Sólo tenéis que pensar qué tipo de personas os gustaría que fuesen vuestros hijos y actuar en consecuencia. Como hemos visto, la coherencia entre las ideas que se quieren transmitir y la forma en que se actúa en casa es la clave principal.
La mayoría de las personas consideramos como nobles los mismos tipos de valores, sin embargo, a veces es difícil reconocer en uno mismo dónde falla la conexión entre "creencias" y "forma de ser". Estos consejos pueden ayudarte a reflexionar sobre ello:

* Si queréis que vuestro hijo sea una persona razonable, razonad con él desde el primer día. No utilicéis el "por que yo lo digo". Lógicamente habrá muchas ocasiones en que tengáis que ordenarle las cosas, pero siempre podéis argumentarle el motivo.

* El respeto donde primero se observa es entre los padres. Las decisiones en la pareja deben ser siempre compartidas. Si discutís hacedlo de forma tranquila, sin recriminaros. Saber vivir en sociedad es saber aceptar distintas opiniones.

* Los estereotipos donde más se fomentan es en el hogar. ¿Habéis pensado alguna vez cosas como quién guisa en casa?, ¿quién cambia las bombillas?, etc. Tratad de compartir entre vosotros los distintos papeles.

* Si os preocupan las influencias externas pensad que tenéis un arma muy importante a vuestro alcance: vuestros comentarios. Hablad con vuestro hijo sobre la opinión que os merecen las actuaciones de los demás (tanto en positivo como en negativo). Esto es importante, sobre todo, contra la influencia de la televisión.

Comprender ayuda a aprender

Los valores se transmiten a través del ejemplo, pero se asientan con fuerza gracias a la comprensión de por qué son necesarios. ¿Cómo podemos ayudar a un niño pequeño a valorar esta importancia? Una buena manera es aplicar la fórmula de "haz por los demás lo que te gustaría que hiciesen por ti, y no les hagas lo que no te gustaría que te hiciesen". En otras palabras, colocar a los niños en la hipótesis de que fuesen ellos los protagonistas de ciertas actitudes. Es mucho más eficaz para que vuestro hijo os entienda decirle: "¿Te gustaría que se riesen de ti porque usas gafas?, ¿cómo te sentirías?", que decirle simplemente: "No debes reírte de Juan por llevar aparato en los dientes".

Esther García Schmah
Pedagoga
Fuente:

lunes, 27 de septiembre de 2010

MI HIJ@ LLORA POR TODO

Los primeros seis años

El llanto no sólo es una forma de expresión, puede ser un medio para obligar a los padres a ceder ante los caprichos.

En el momento del nacimiento de un hijo, lo primero que los padres desean oír es el llanto del bebé pues sin duda éste es un signo vital que representa con claridad la llegada al mundo de una nueva vida. Sin embargo, cuando esa poca armoniosa melodía se transforma en pan de cada día o incluso de cada hora, los padres desearían tapar sus oídos para siempre.

Es que el bebé, sin importarle hora o momento, se comunica a través del llanto, es su modo de expresión y es normal que lo haga ante situaciones bien concretas.

La madre con el tiempo y un poco de experiencia aprende a reconocer sus necesidades, las satisface, y el llanto debiera terminar. Sin embargo, también es cierto que hay bebés mucho más llorones que otros, pero por ello nadie debe sentirse culpable, pues al parecer esto es fruto del azar o de la conjunción genética. Así lo demuestra la respuesta de un pediatra a una mamá angustiada por el llanto de su niño: "Nada que hacer, simplemente le tocó así".

EL LLANTO, ¿ETERNO COMPAÑERO?

Cuando los padres se han pasado la mayoría de las noches en vela y la mayor parte del día poniendo el chupete, la pregunta que surge es si ese llanto será un eterno compañero y permanecerá como una característica de la niñez. Según la psicóloga Ximena Charme, el bebé llorón no necesariamente se transforma en un niño llorón.

"Puede ser un niño de más riesgo en el sentido que el llanto intermitente ha provocado impaciencia e intolerancia, pero si hay un buen manejo no debería haber problema". Este consiste en que los padres deben reconocer cuál es el llanto sin razón y no consentir en él. De lo contrario se crea un círculo vicioso difícil de controlar.

Para aprender a distinguir lo verdaderamente importante, es bueno conocer las pautas normales de la evolución del llanto:

Entre el primer y tercer año de vida, el llanto es normal. Es. la etapa del negativismo y es común, por ejemplo que se acentúen las pataletas. En esta etapa el niño afirma su personalidad y si esas crisis de llanto han sido bien llevadas, lo normal es que el niño deje atrás ese medio de expresión y dé paso al lenguaje. "Si por el contrario los padres refuerzan las pataletas y se hace lo que el niño quiere, esta etapa se extiende más allá de los tres años", explica la psicóloga. En este caso el niño puede convertirse en ese que ¡llora por todo!

LOS INCONSOLABLES

Contar con un inconsolable en la casa no es fácil. El lloriqueo continuo se transforma en un problema bien aburrido que a la larga agota y cansa física y mentalmente.

Lo normal es que a partir de los tres años, los momentos de llanto sean más bien mínimos y por razones que lo justifican.
Cuando esto no es así, es bueno preguntarse cuáles son las causas que han generado un niño llorón:

Generalmente, son niños inmaduros que tienen muy baja tolerancia a la frustración, es decir, "ante cualquier fracaso o ante cualquier "no", lloran", explica la psicopedagoga Loreto San Miguel. "Tienen poca capacidad para solucionar sus problemas, entonces cuando algo no les resulta como esperaban, lloran”.

También está el "regalón-llorón". Se trata de niños que son excesivamente sobreprotegidos, a quienes los padres tratan de evitar a toda costa cualquier problema.

Muchas veces los niños lloran por aburrimiento. Según Virginia Argorriaga, educadora de párvulos, "hay padres que no saben incentivar a los niños a jugar y el único juego que ellos conocen es estar arriba de la mamá molestando y lloriqueando. En estos casos la solución está en que los padres enseñen desde pequeños, alternativas de entretención. "No es una tarea muy difícil, pero hay que hacerla, pues es algo que a menudo no es innato sino que se puede fomentar.

La seguridad de los padres es fundamental. "Lo más probable es que los papás que están seguros cuando educan y que saben para donde van, tengan niños que lloran menos. La seguridad de los padres da la seguridad a los hijos, lo que induce a que ellos sean estables emocionalmente".

El PAÑO DE LÁGRIMAS

Para evitar las situaciones anteriores, los padres son fundamentales. El manejo que ellos hagan para encauzar las mañas y los llantos es primordial. En sus manos está ser buenos y correctos paños de lágrimas.

Algunas precauciones son:

No reforzar el llanto.

"Si uno sabe que es un llanto a través del cual el niño pide algo sin importancia, no hay que consentirlo", explica Ximena Charme. La idea es enseñarles que las cosas se piden con palabras y no se manipula a través del llanto. Una vez que se ha consentido en los caprichos, es difícil dar vuelta atrás y es probable que se formen niños dominantes y demandantes. El niño percibe el dominio que ejerce sobre sus padres y en adelante utilizará la simple amenaza de llanto para conseguir de ellos cuanto desee.

- Es importante ser consistente

Decirle que sí a todo y al día siguiente negarle cualquier propuesta no es muy convincente. Los límites de lo que se da y de lo que se puede hacer deben ser claros.

No ceder al llanto por cansancio.

Mejor es intentar distraer al niño con algo más atractivo y sacarlo de su capricho.

Ayudar al niño a que se exprese en forma verbal, a través del lenguaje y no del llanto.

- Por último, muchas veces el llanto es un medio para llamar la atención, entonces si el niño la obtiene, utilizará este recurso con frecuencia. "Por el contrario, si también se lo atiende en períodos buenos, se dará cuenta de que el llanto no es la única herramienta, pues también obtiene estímulos cuando los pide de otra forma o incluso cuando no los pide", explica Ximena Charme.

CAUSAS DEL LLANTO

En muchas ocasiones, ese intermitente lloriqueo preocupa a los padres que aún no reconocen la causa que lo provoca. Sin embargo, basta saber que generalmente se debe a razones muy comunes y que rara vez se es incapaz de poner solución al problema.

Las causas más habituales del llanto del bebé son:

El hambre: Los bebés tienen un reloj biológico que funciona a la perfección, por eso la hora de la comida no la perdonan.

La incomodidad física: mudar al bebé con frecuencia es fundamental. Esto, porque además de evitar coceduras e irritaciones que molestan, mantener limpio al bebé y hacer de esa tarea un momento agradable, es el primer paso para fomentar en él, el hábito de la higiene.

El dolor: el cuerpo del bebé se encuentra en una etapa de continua adaptación y más de una vez, esto le provocará dolores. Los más comunes son los intestinales, ya sea por gases o estreñimiento. Muy corrientes son también los cólicos y el dolor de oídos. Estas molestias deben ser bien controladas y consultadas con el doctor.

La soledad: aunque sus necesidades físicas estén cubiertas, el niño puede necesitar más estímulos de cariño de los que ya se le dan.

Fuente:http://www.encuentra.com/articulos.phpid_sec=107&id_art=5201&id_ejemplar=0

MIS ORACIONES INFANTILES

martes, 7 de septiembre de 2010


8 DE SEPTIEMBRE- CUMPLEAÑOS DE LA VIRGEN

La fiesta de hoy, es una de esas fiestas que tienen que gustarle a todos los niños y niñas. Recordamos el nacimiento de la Virgen y esto nos recuerda que, como nosotros, la Virgen también fue niña, tuvo sus padres, jugaba, tenía amigos,...
Para celebrarlo, os dejo una sencilla presentación de la Virgen Niña que he encontrado para que le podais rezar.

lunes, 6 de septiembre de 2010

FORMACIÓN PARA LA FAMILIA


EL PERIODO DE ADAPTACIÓN A LA ESCUELA

La Escuela de Educación Infantil, durante el inicio del período escolar, es una gran desconocida para el niño, tanto en su estructura como en su funcionamiento, y ésta es la razón de que el trabajo de adaptación y comprensión sea fundamental en el currículum de nuestra escuela.
Algunos padres y madres, no le dan la importancia que merece a la incorporación a nuevos ambientes, compañeros y adultos, pensando quizá que l@s niñ@s se acostumbran a todo con facilidad o incluso que ya están acostumbrados a la Guardería.
A otros, los inicios del niñ@ en la Escuela de Educación Infantil les crean una gran ansiedad que hace que desde el primer momento la vivan de forma angustiosa. Uno de los temores más frecuentes de los padres y madres, es el supuesto abandono afectivo en el que cae el niño.

Este temor es infundado, ya que la incorporación del niño a la Escuela de Educación Infantil no supone en ningún momento un abandono o quiebra afectiva.
Debemos considerar que el niñ@ en este período no puede distinguir entre un abandono definitivo y otro temporal, se encuentra con una situación tan desconocida como amenazante para su persona, situación que en algunos casos vivencia como un abandono. Es lógico que en tales circunstancias el niño emplee todos sus recursos para defenderse y oponerse a este hecho.
* En un primer grupo nos encontramos con los niñ@s que lloran, patalean, intentan escaparse, pegar a los adultos o a los compañeros, no quieren comer, se niegan a dormir e incluso puede aparecer de nuevo la enuresis (hacerse pis). Todo esto va encaminado a mostrar su rechazo, llamando constantemente la atención de los adultos.
* Por otro lado está el grupo de niñ@s que experimentan una reacción depresiva, el cual se sentará en un rincón, evitando la relación con los otros niños y con el adulto, refugiándose en su soledad o en el objeto que haya traído de su casa. Tenemos que tener presente este tipo de reacciones para no caer en el error de considerar que el niño o niña se ha adaptado porque no llora, ni reclama la atención del medio, es evidente que este tipo de reacción requiere por parte del adulto una gran atención, sensibilidad, cuidado, apoyo y afecto para que supere esta situación y no caiga en una actitud apática que detenga su capacidad de relación si esta experiencia se prolonga.

En definitiva casi todos los niñ@s pasarán por un período de adaptación más o menos largo hasta que recobre la seguridad en sí mismo y la confianza en el afecto y cariño que sus padres y madres le profesan.
Los profesionales de la Escuela de Educación Infantil, conjuntamente con las familias, estableceremos las pautas de actuación necesarias para que el período de adaptación se resuelva de forma satisfactoria y los niños se beneficien de las ventajas que supone su incorporación a la Escuela de Educación Infantil.

Fuente:http://www.juntadeandalucia.es/averroes/mpidalconil/periododeadaptacion.htm

domingo, 5 de septiembre de 2010

GENERADOR DE LETRAS

Con cara al nuevo curso , quizás os pueda ser útil este generador de letras:
Pincha AQUÍ: http://www.elmaestrodelocio.com/generador-de-letras.html

CÓMO DESARROLLAR LA VOLUNTAD DE NUESTROS HIJOS DE 2 A 10 AÑOS



¿Qué es la voluntad? ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a construirla? ¿Está relacionada con la inteligencia? En el largo camino que deben recorrer padres e hijos, la voluntad entabla un diálogo, a veces de sordos, entre autonomía incipiente y dependencia necesaria. Su mayor o menor comprensión dependerá en gran medida de la capacidad de escucha del adulto y de las oportunidades de construcción de la propia voluntad que el niño tenga en sus primeros años.
A todos los padres nos gusta tener hijos voluntariosos y esforzados. Constantes en lo que emprenden y siempre dispuestos a aplicarse en sus objetivos hasta lograrlos. Aunque deberíamos plantearnos si dedicamos el suficiente esfuerzo a construir en ellos la tan preciada voluntad.

El niño pequeño es un perseverante nato. Él puede repetir y repetir un nuevo aprendizaje tantas veces como sea necesario para su adquisición. De hecho, esa es una de las características principales de todo niño en sus primeros años de vida: repetir y repetir acciones aparentemente sin sentido. Con ello logra dominar nuevas habilidades, adaptándose y respondiendo al mundo que le rodea. Pero esta conducta apenas está dirigida por la voluntad.

¿Cuando comienza el desarrollo de la voluntad en nuestro hijos?

Durante sus dos primeros años de vida, el niño expresa necesidades que deben ser satisfechas desde el exterior. A partir de los dos años es cuando el niño empieza a mostrar conductas que demuestran una incipiente conciencia de sí mismo. Es a partir de entonces que podemos empezar a hablar de construcción de la voluntad dado que el niño comienza a descubrir su individualidad. Y es con el individuo que surge la necesidad de una voluntad que dirija la conducta. Nos encontramos entonces con un niño que ha descubierto el “no” como respuesta. Es el período de la “guerra de la cuchara” donde nuestro hijo manifiesta su incipiente personalidad a cualquier precio.

En este proceso constructivo que el niño realiza en interacción con su medio familiar y social, el lenguaje es el vehículo que permite a la madre o padre conducir la conducta desde una dependencia completa de los dictados del adulto a una autonomía imprescindible para el crecimiento. La voluntad del niño se encuentra aún en la etapa de la heteronomía (cuando la voluntad está determinada por algo exterior a ella misma) y debe ser conducida a lo largo de la primera infancia hacia una autonomía que le permita aplicar su inteligencia a lograr lo mejor para sí mismo en todas las circunstancias.

¿Qué podemos hacer los padres para facilitar esta imprescindible construcción de la voluntad en nuestro hijo pequeño?:

Propiciar el juego simbólico con muñecas, disfraces, cochecitos, animales, etc. Por medio de estos juegos, nuestro hijo podrá ser el papá que le dice al niño: “Tienes que lavarte las manos para ir a almorzar”, reproduciendo a través del juego y por lo tanto asumiendo su propia situación de voluntad heterónoma. Podrá ser también el niño quien decide (acto de la voluntad autónoma) ir a lavarse las manos porque es la hora de almorzar. Recordemos que para el niño pequeño no hay todavía diferencia entre la realidad y la ficción y que las experiencias a través del juego le permiten integrar y comprender las reglas del mundo que está empezando a comprender.

Tener paciencia y respetar el desarrollo de nuestro hijo sabiendo que ninguna etapa es eterna. La crisis de oposición que acontece alrededor de los dos años puede ser complicada para los padres, pero para el desarrollo posterior del niño es totalmente imprescindible. Aprendamos a escuchar realmente a nuestros hijos. Evitemos dejarnos llevar por la presión del momento, el exceso de trabajo o la falta de tiempo. Ellos a menudo tienen un ritmo muy distinto del que nosotros llevamos o debemos llevar. Demos espacio al aprendizaje y pensemos que el fracaso lleva a una nueva oportunidad de triunfo si estamos atentos, somos optimistas y estamos al lado de nuestros hijos para ayudar.

Estimular un lenguaje comprensivo y abierto, que tenga el diálogo como principio de convivencia. Recordemos que la autoridad y el autoritarismo son cosas muy distintas (ver artículo “Cómo ejercer una autoridad positiva”. Si imponemos siempre nuestra voluntad sobre la del niño retrasaremos o anularemos la aparición de la propia regulación de la conducta.

Ayudar al niño a construir el diálogo interno que le va a permitir desarrollar conductas de control de los impulsos, conductas todas ellas imprescindibles para la construcción de la voluntad. En los primeros años es el adulto quien los regula mediante la educación, posteriormente deberá el niño progresivamente asumir el propio control. Como dijo Vigotsky: “El lenguaje, además de permitir al sujeto construir el mundo, le permite tomar posesión de sí mismo”.

Hablemos con él de las experiencias vividas, de las decisiones tomadas, de cómo se sintió en una situación dada, de cómo se sienten otros niños en situaciones que él conozca. De manera que tenga muchas oportunidades de apreciar que él puede decidir, hacer cosas mediante el diálogo consigo mismo y que sus actos tienen consecuencias que le afectan a él y a otros.

¿Qué podemos hacer los padres para facilitar esta imprescindible construcción de la voluntad en nuestro hijo pequeño?:

Establezcamos rutinas diarias claras para las actividades cotidianas. A través de ellas será posible ayudar a nuestro hijo a construir su voluntad al tener que asumir como propias decisiones que son buenas para él y para la familia. De estas rutinas derivarán los hábitos, imprescindibles para la consecución del control sobre sí mismo.

Ayudemos a nuestro hijo a lograr el éxito en los objetivos que se propone, ya sea lograr subir y lanzarse solito sobre el tobogán o calzarse sus zapatos por primera vez. El camino hacia la independencia es largo y arduo, y los padres debemos estar junto a nuestro hijo ayudándole a alcanzar esos primeros hitos que le permitirán confiar en sí mismo y plantearse nuevos retos cada vez más difíciles. “No es porque las cosas sean difíciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos, que ellas se hacen difíciles” (Séneca)

Cuidemos de que nuestros hijos controlen sus deseos evitando que los deseos les controlen a ellos. Saber esperar las recompensas y los premios es uno de los ejercicios de la voluntad y de la regulación de la propia conducta más necesario para el éxito personal en la vida adulta. Y aunque nos sea difícil todavía imaginarnos a nuestro pequeño de cuatro años preparándose para el ingreso a la universidad o dispuesto a trabajar incluso fines de semana para poder ahorrar algo de dinero, ese ti

Evitemos darle a nuestro hijo todo hecho. Permitámosle decidir, equivocarse, resolver, probar, tantear siempre que la situación lo permita. Es en esas situaciones en las que él deberá tomar sus propias decisiones (por simples que parezcan) y asumir las consecuencias. ¿Cómo sino podrá tomar sobre sí la responsabilidad de sus propios actos? Debe empezar por cosas simples como comer solito la sopa o ponerse los calcetines (aunque tarde el triple de lo que tardaríamos nosotros si lo hiciéramos). Eduquémosle en el esfuerzo y en la perseverancia.

Para finalizar, permítanme que les narre este pequeño cuento que sintetiza con claridad meridiana lo que la voluntad supone:

Dos ranas saltaron dentro de un cubo de nata en una lechera:

- “Más vale que nos demos por vencidas”, croó una de ellas mientras se esforzaba en vano por salir. “Estamos perdidas”.

- “Sigue nadando”, dijo la otra.”Saldremos de alguna manera”.

- “Es inútil”, chilló la primera. “Es demasiado espeso para nadar, demasiado blando para salir, demasiado resbaladizo para arrastrarse. Como de todas maneras hemos de morir algún día, mejor que sea esta noche”. Así que dejó de nadar y pereció ahogada.

- Su amiga siguió nadando y nadando sin rendirse. Y al amanecer, se encontró sobre un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí estaba, sonriendo, comiéndose las moscas que acudían en bandadas de todas las direcciones”. (P. Yoganada)

Por Carmen Herrera, Especialista en Aprendizaje Temprano y Profesora de Ed. Infantil y Primaria

Con la autorización de: www.solohijos.com

miércoles, 1 de septiembre de 2010

VUELTA AL COLEGIO

Como ya os decía ayer, las vacaciones han pasado, LA VUELTA AL COLE, ya está aquí, espero que en verano lo hayais pasado muy requetebién...
Algunos seguro que ya teneís ganas de volver al cole, otros no tanto... pero de todas formas, dentro de unos días nos veremos..
Mamás, no os pongáis nerviosas, de cuantas novedades vayan surgiendo os iré informando a través del Blog.

GRACIAS POR TU VISITA... TUS COMENTARIOS NOS ENRIQUECEN